La aversión de los gatos por el agua es por todos conocida. Sin embargo, ¿se trata realmente de una aversión y qué la provoca? Los estudios genéticos realizados a los ancestros del gato doméstico actual concluyen que la trayectoria de las interacciones que estos animales han mantenido con el agua marca su comportamiento con dicho medio.

El gato salvaje africano o el del desierto chino, de los que procede el minino actual, se desenvolvían en zonas desérticas donde la presencia del líquido elemento era testimonial. Así, en estos más de 9500 años de historia el felino ha evolucionado poco en su relación con el agua, sintiendo un gran respeto, y cierto magnetismo, hacia ella.

¿Por qué los gatos evitan el agua?

Como decimos, y aunque, en general, los felinos son buenos nadadores, su experiencia con el agua a lo largo de su existencia ha sido discreta. El cerebro de los mininos con los que convivimos hoy sigue procesando la realidad que les rodea de un modo muy similar al que lo hacían sus ancestros.

Por su instinto de supervivencia evitan el agua porque al mojarse su pelaje su vuelve muy pesado y eso les resta agilidad y libertad de movimientos. Igualmente, si todo su pelaje está mojado su temperatura corporal desciende y ello merma su capacidad de reacción a posibles depredadores.

Los felinos prefieren mantener una relación discreta con el agua. Pueden permanecer horas mirando embobados el fondo de un barreño lleno de agua, olisquearlo e incluso introducir una pata, pero lo de sumergirse sin un propósito claro no va con ellos. Por ello, los especialistas aconsejan habituarlos al baño desde cachorros.

gato-nadando

¿Gatos nadadores?

Existen razas felinas que disfrutan sobremanera sumergidas en agua. Son oriundas de bosques o de zonas con pantanos en las que se han visto naturalmente relacionadas con el agua. Nos referimos al Maine Coon, al Bosque de Noruega, al Siberiano, al Van turco o al gato pescador de los pantanos de India e Indonesia.

Todas ellas, disfrutan jugando con el agua y no dudarán en zambullirse si avistan un pez que puedan pescar. Por tanto, la adaptación al medio para subsistir condiciona, y mucho, el recuerdo que estos felinos tienen en su ADN con respecto al agua.

¿Necesitan ser bañados?

Podemos afirmar que los mininos únicamente necesitan el agua para mantenerse hidratados y para favorecer la producción de saliva. Por tanto, salvo que estén muy sucios o que la suciedad sea potencialmente peligrosa para el animal, los gatos no necesitan ser bañados.

Las razas de pelo largo, en cambio, sí precisan baños bimensuales para mantener la forma y textura de su pelo en óptimas condiciones. En estos casos, familiarizarlos desde jóvenes a la rutina del baño resulta conveniente a fin de que asocien esta experiencia con algo positivo. Que el primer baño lo realice un profesional te ayudará a despejar muchas dudas.

En líneas generales, gracias al acicalamiento, al cual dedican un tercio de las horas que están despiertos, consiguen extraer la suciedad adherida a su manto. No en vano, su lengua es áspera precisamente para ese fin y su saliva incorpora un detergente natural capaz de hacer desaparecer la grasa. Por tanto, báñalo solo si es estrictamente necesario.

¿Cómo debo bañar a mi gato?

No conviene que bañes a tu mascota si es demasiado joven, ya que podrías resecar su piel y despojarle de las feromonas que precisa para comunicarse con sus iguales. Por lo general, se recomienda hacerlo a partir de los 3 meses de edad y su frecuencia dependerá del grado de suciedad y de la longitud de su pelo.

Al tratarse de una rutina más a incorporar debes afrontarlo como un nuevo aprendizaje en el que deberás mostrarte paciente y utilizar el refuerzo positivo para consolidar los logros obtenidos. Toma nota de los pasos que deberás seguir para bañar a tu minino por primera vez:

  1. Toma un reciente hondo de plástico y rellénalo con un dedo de agua tibia, a unos 37-38 ºC. Deja que lo mire y lo olisquee.
  2. Protege tus brazos con una prenda de manga larga y una toalla para no lastimarte los brazos si te araña.
  3. En esta primera ocasión deberás limitarte a remojarlo, no a bañarlo por completo. Elige un día caluroso, o al menos que no haga frío, y disponte en una habitación en la que no haya corrientes de aire.
  4. Una vez humedecido el pelaje, vierte una nuez de champú para gatos en tu mano y aplícaselo dándole un ligero masaje. En los meses de verano los expertos aconsejan optar por los champús antiparasitarios.
  5. Con una jarra de agua tibia retira el jabón, asegurándote de que ni agua ni jabón salpiquen su cara.
  6. Si estuviera muy sucio volverías a repetir el enjabonado. Si tiene el pelo largo será el momento de administrarle el acondicionador. Facilitará el cepillado al disminuir el número de nudos y enredos.
  7. Deberás utilizar 2 toallas. Una para suprimir la mayor cantidad de agua que haya acumulado su pelo, y otra, para completar el secado. Seca a pequeños golpes, sin restregar.
  8. El último paso será cepillarlo. Si se tratara de un día de invierno deberías finalizar con el secador, siempre a media potencia y a cierta distancia para prevenir quemaduras.

Champús en seco, cuándo utilizarlos

Existen situaciones en las que agradecerás contar con un champú de lavado en seco para gatos. Nos referimos a aquellos gatos para los que el baño es una batalla o, por ejemplo, si no han transcurrido 15 días desde que fuera vacunado. En estos casos deberás higienizar a tu mascota con polvos detergentes o espumas secas.

Bastará con que se lo apliques, nunca en la cara ni en los genitales, y esperes unos minutos a que actúe. Después, deberás cepillar su pelo para retirar tanto la suciedad como los restos del producto. En el caso de la espuma, primero deberás pasarle una gamuza y después cepillarlo.

Como ves, no es tan cierto que los gatos odien el agua, sino que sientan cierto respeto hacia ella, en gran parte, por el condicionamiento de sus experiencias pasadas. Provéele de agua limpia y fresca a diario y disfruta de su incomparable compañía.