¿Cuántos años puede llegar a vivir un gato?

La esperanza de vida de un minino depende, en gran parte, de la atención que le dediquemos. Entre los aspectos más importantes para lograr que nuestros amigos gatunos nos acompañen durante muchos años está una alimentación adecuada, un estilo de vida saludable y las visitas habituales al veterinario.

La raza es otro punto fundamental, ya que algunas variedades tienen determinantes genéticos que pueden condicionar su salud. Los hábitos y el entorno también influyen: los gatos que suelen salir a pasear por el vecindario y los callejeros suelen ser menos longevos. ¿Quieres saber cuánto vive un gato? Sigue leyendo para conocer los detalles.

Las etapas de crecimiento de los felinos

Está muy extendida la idea de que los gatos, como los perros, envejecen siete años por cada año humano. La realidad es otra: se considera que, en sus primeros doce meses de vida, un gato se desarrolla hasta alcanzar el equivalente a los quince años de un humano, mientras que los dos años de un felino se asemejan a los veinticuatro de una persona.

A partir de los dos, cada año gatuno cuenta como cuatro nuestros. Esta información es importante para aprender a respetar sus necesidades en cada etapa vital. Un gato de diez años es un ejemplar adulto al que no le gustará que un niño le salte encima y al que no puedes exigirle que brinque como un cachorro. En estos casos, un entorno tranquilo y una vida relajada influirán positivamente para que viva más.

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¿Cuánto vive un gato doméstico?

La comodidad y la seguridad que brinda un hogar son factores fundamentales para la longevidad. Los gatos domésticos viven, en promedio, 12 años y, si están bien cuidados, pueden llegar hasta los 20 o más. De hecho, hay registros de gatos que llegaron incluso a la tercera década: Scooter en Texas, Estados Unidos, murió a los 30, en tanto que el inglés Nutmeg falleció a los 32.

Pero, ¿a qué nos referimos con bien atendidos?  A que tengan las vacunas al día, se alimenten con una dieta saludable y equilibrada y realicen el ejercicio adecuado a su rango de edad. Esto también implica evitar los paseos nocturnos, que pueden derivar en peleas territoriales entre gatos machos o la posibilidad de que queden embarazadas si son hembras.

Las enfermedades como la inmunodeficiencia felina o la leucemia, que se transmiten a través del intercambio de fluidos, son otros de los riesgos de relacionarse con gatos que no están debidamente inmunizados.

La castración es una buena solución para eliminar su necesidad instintiva de aventuras. Además, según especialistas, la extirpación de los órganos reproductores ayuda a prevenir infecciones y tumores en los ovarios si son gatas y elimina el riesgo de tumores prostáticos o testiculares en los machos.

Finalmente, la raza también influye. Hay algunas más longevas, como el gato europeo o el American Shorthair, y otras con menor expectativa, como el Bengalí o el Ucraniano. La razón es que algunas poseen una predisposición genética a desarrollar enfermedades que acortan sus expectativas.

La diabetes, por ejemplo, es más frecuente en ejemplares de Burmés, Siamés, Azul Ruso y Abisinio; los gatos Persas e Himalayos presentan una alta incidencia de la enfermedad renal poliquística, mientras que las variedades Maine Collins y Ragdoll tienden a sufrir miocardiopatía hipertrófica.

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¿Qué expectativa de vida tiene un gato que vive en la calle?

Lamentablemente, los gatos callejeros tienen una esperanza de vida que no llega ni a la mitad de la de los domésticos. El 50 % muere antes de llegar a los dos años y, como mucho, viven hasta los seis o los siete. Es lógico, si se considera que están expuestos a condiciones climáticas extremas, a un riesgo constante de caídas o atropellos y a la lucha por la supervivencia con otros ejemplares.

Pocos saben que los mininos abandonados olvidan rápidamente su condición de domésticos. La primera generación de felinos que nace fuera del ámbito del hogar tiene todas las características de los gatos salvajes de los que descienden.

Como es obvio, tampoco siguen una dieta saludable. Los gatos vagabundos viven de su caza y, si no hay ratas, ratones o aves cerca, de lo que puedan encontrar en la basura. La mala nutrición, las enfermedades por comer alimento en mal estado y también los envenenamientos están entre las principales causas de mortandad de este grupo.

No es raro encontrarse con estos gatos, también conocidos como ferales, en todas las ciudades de España. La cantidad de mininos callejeros en nuestro país aumenta cada año y en muchas localidades ya funcionan las colonias felinas, gestionadas por los vecinos y voluntarios de las protectoras. Sin embargo, lo fundamental es concienciar a las personas para que –bajo ninguna circunstancia- dejen a un gato o a sus crías en la estacada.

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