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No cabe duda de que el código comunicativo de los felinos es mucho más rico de lo que la mayoría de personas piensa. De hecho, cuanto más sabemos sobre la psicología de los gatos más nos sorprenden. En esta entrada vamos a esbozar cuáles son las señales de que un gato no es feliz.

Puede deberse a un problema físico, a la falta de estimulación o a una incipiente depresión. Sea como fuera, existen varios estudios que han identificado estos signos de malestar e infelicidad en nuestros amigos. Conocerlos te ayudará a evitarlos o a identificarlos para adoptar las medidas oportunas a tiempo. ¿Nos acompañas?

Señales indiciarias de infelicidad gatuna

De entre todas las investigaciones que ahondan en esta materia vamos a fijarnos en la que participaron 19 expertos británicos. Todos ellos coinciden en clasificar los signos que delatan el malestar de los gatos en señales corporales, sonoras y conductuales. Esto es, deberás atender al lenguaje corporal, a los sonidos y al comportamiento de tu mascota.

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Señales corporales

La colocación de la cabeza, de las orejas o de la cola es toda una fuente de información sobre el estado de ánimo de un gato. No es casual que incline la cabeza hacia delante cuando desea que lo acaricies o que aplane o repliegue hacia atrás las orejas porque se siente asustado o enojado.

El blefaroespasmo (parpadeo constante e involuntario) o la preferencia por mantener los ojos cerrados durante buena parte del día es sinónimo de desasosiego o de dolor en el gato. En ambos casos puede tratarse de una enfermedad, física o psíquica, que avanza y que genera dolor al animal.

Llevar la cola baja o moverla violentamente en sentido horizontal es indicativo de tristeza y de nerviosismo respectivamente. Ha detectado una amenaza y no sabe cómo liquidarla. La espalda encorvada con el pelo erizado, la vibración de la cola o dormir con las patas delanteras estiradas, por debajo del cuerpo, implica que no se siente seguro y relajado.

Señales sonoras

Como ya desarrollamos en otra entrada (Sonidos de los gatos y su significado), el maullido no es el único recurso sonoro que manejan los mininos. De hecho, son más de 100 los identificados por los expertos aunque en condiciones normales solo echen mano de una docena.

Los maullidos y, en general, los sonidos graves y sostenidos revelan malestar. Los gruñidos y alaridos suelen caracterizarse, precisamente, por ser sonidos guturales de pocos segundos de duración que el gato repite de forma persistente para llamar nuestra atención, y para liberar su tensión.

Los gruñidos tienen un volumen bajo mientras que los gemidos o alaridos lo tienen alto, pero en ambos casos tu mascota está expresando ansiedad, estrés o dolor. Si se trata de un hecho que no remite en el tiempo, no deberías retrasar la visita al veterinario para explorarlo y dar con la causa de su angustia.

El ronroneo

Esta vibración rítmica y de baja intensidad que los felinos, también los salvajes, emiten con la boca cerrada no siempre está unida a situaciones placenteras o agradables. Son varios los estudios que han constatado la presencia del ronroneo en los momentos de agonía de los gatos, precedentes a su muerte.

Se trata de un mecanismo del que echan mano para buscar consuelo o reparar el desgaste emocional que están experimentando. En este sentido, si percibes que tu gato comienza a ronronear cuando ve que te acercas te está diciendo que no está receptivo y que no desea contacto físico.

Señales conductuales

A este apartado pertenecen los cambios de comportamiento. De este modo, podemos afirmar que tanto las señales corporales como las sonoras, que muchas veces se manifiestan conjuntamente, son puntuales. Las señales comportamentales tienen lugar en un lapso de tiempo sostenido, mientras persiste la causa que las genera.

Así, notarás que de un tiempo a esta parte ha dejado de mostrar interés por el juego, que rehúsa moverse, que tiende a esconderse, que no desea interactuar contigo, que ha dejado de acicalarse y/o de comer o que presenta cambios repentinos de estado de ánimo. De pronto puede mostrarse inquieto, irritable o, todo lo contrario, apático y ausente.

Por lo general, los etólogos apuntan a la falta de compañía, a una estimulación cognitiva deficiente o a cambios en su entorno como los desencadenantes principales de estos trastornos del comportamiento. Por ejemplo, quizás hayas pasado más tiempo fuera de casa o hayas acogido a otra mascota en casa haciéndole sentir solo o desplazado.

Confía en los profesionales

No nos cansaremos de insistir en la necesidad de observar la conducta de tu minino en su día a día para detectar estas anomalías. Consultarlo a la mayor brevedad con su veterinario será la manera más rápida y efectiva de dar con el problema y ponerle solución.

Puede tratarse de algo puntual que se te pase inadvertido, pero si persiste, actuar sin dilación será más que necesario para prevenir males mayores. Al fin y al cabo, nadie mejor que tú conoce los gustos y rarezas de tu gato y puede satisfacer sus necesidades mentales y emocionales, ¿no crees?