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¿A ti también te ha pasado? ¿Tu gato se ha colocado junto a ti mostrándote su barriga y cuando has ido a acariciarlo te ha arañado? Aunque sorpresiva, se trata de una conducta habitual en la gran mayoría de felinos. Siempre habrá algunos que acepten de buen grado estos mimos, incluso si son en el vientre, pero no es la regla general.

En esta ocasión queremos explicarte el por qué de esta reacción que, como verás, tiene su lógica. De hecho, si atiendes a la comunicación no verbal del animal sabrás interpretar sus movimientos corporales y superarás con éxito este prueba de confianza. ¿Nos acompañas?

No es una invitación

Solemos confundir la postura del gato panza arriba con una invitación al acercamiento físico. Pese a que es cierto que esta pose revela su bienestar y cordialidad no debemos traspasar los límites de su esfera territorial. El felino se sabe vulnerable cuando muestra su vientre, dado que bajo él se sitúan los órganos vitales.

No en vano, que se coloque de este modo está íntimamente ligado a su instinto de supervivencia. Posicionado así puede defenderse de sus depredadores utilizando sus garras y dientes. La domesticación no ha conseguido borrar ese impulso grabado a fuego en sus genes.

Por tanto, se trata más de una prueba de confianza que de una insinuación al contacto físico. Tu mascota está testeando hasta dónde eres capaz de llegar, si eres o no digno de su confianza por respetar su espacio.

Fíjate en sus movimientos corporales

Una vez más, cabe insistir en la relevancia de las posturas, expresiones faciales y movimientos corporales ejecutados por los gatos. En ellos residen las razones de sus comportamientos. Ellos nos avisan, pero nosotros no somos capaces de interpretarlos adecuadamente.

En el caso del que te hablamos, cuando ves panza arriba a tu mejor amigo y te lanzas a acariciarlo es muy probable que retire las orejas hacia atrás, que se muestre rígido y que no cese de mover la cola. Si prosigues su pelo se erizará y llegará a arañarte o a morderte. Que conste que él te ha ido advirtiendo.

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Las 5 libertades del bienestar animal

Al igual que sucede con la barriga, a los mininos tampoco les agrada, por lo general, que les toquen la cola. Alberga multitud de terminaciones nerviosas y su rol en la comunicación felina es crucial. No permitirle mover a su antojo la cola sería algo similar a taparle la boca a un humano o a atarlo de pies y manos.

Tocarle la barriga y, en consecuencia, invadir una zona vulnerable tiene mucho que ver con la segunda y cuarta de las 5 libertades del bienestar animal. Las desarrollamos a continuación. Lo comprenderás enseguida.

La primera libertad: cubrir las necesidades fisiológicas

Para disfrutar de la compañía de un gato feliz la primera de las libertades que deberás satisfacer es la de sus necesidades fisiológicas básicas: comer y beber.

La segunda libertad: la seguridad y la comodidad

Todo minino desea disponer de un lugar en el que descansar, que sea de uso exclusivo para él, que le resulte cómodo, seguro, que cuente con una temperatura agradable y que en él se sienta estimulado. Deberá disponer, por tanto, de algún peluche o juguete que solo utilice él. Se encargará de marcarlo con su olor corporal.

La tercera libertad: no enfermar

Tu mascota espera que te ocupes de su salud. Deberás llevarlo al veterinario a sus controles periódicos o cuando sea necesario, sin demoras, porque muestre síntomas.

La cuarta libertad: expresarse

Los felinos son conocidos por su extraordinario sentido de la libertad entendida en su sentido más amplio. Por ello, no deberá extrañarte que si le tocas la barriga salga corriendo. Tampoco resulta recomendable que lo retengas a la fuerza, el resultado sería contraproducente.

La quinta libertad: sin miedo ni estrés

Por su sentido de la territorialidad y su deseo de control los gatos se estresan con facilidad ante los cambios, más si cabe si estos son bruscos o repentinos. Igualmente, el refuerzo negativo no surte el objetivo perseguido si deseas modificar o introducir nuevas rutinas. Todo lo contrario, los convierte en animales asustadizos y huidizos.

Cómo conseguir que acepte mis caricias en la barriga

Pese a que ya sabes por qué no le agradan los mimos en el vientre, existen ciertas pautas que te ayudarán a conseguir que estos sean mejor recibidos. No los necesitarás si acaricias su cabeza, nuca, barbilla y espalda (sus zonas predilectas para el contacto físico):

  • Nunca realices movimientos bruscos que le obliguen a adoptar una posición defensiva. Recurre a las manipulaciones suaves, siempre observando las pistas que te brindan sus movimientos corporales.
  • Comienza por alguna de las patas delanteras, acaríciala con suavidad.
  • Si compruebas que te acepta, pasa a alguna de las traseras.
  • Si al cabo de un rato no da muestras de incomodidad ya estarías en disposición de acariciar su barriga.

En definitiva, que le toquen la barriga no sea lo que más le guste a tu mascota no debe entrañar ningún obstáculo en el vínculo que habéis forjado. Conoce a tu gato y respeta su carácter y sus preferencias. Todo ello suma y contribuirá a manteneros unidos. ¡No olvides ponerlo en práctica!