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Aunque en ocasiones hablemos de menstruación para referirnos al período de celo de las gatas, lo cierto es que su ciclo reproductivo no tiene nada que ver con el de la especie humana.

Si convivimos con una gata es muy importante que conozcamos los detalles de este ciclo y sus particularidades. Con información podemos evitarnos sorpresas y el nacimiento de camadas no deseadas. ¿Quieres conocer todos los detalles? ¡Vamos allá!

¿Las gatas tienen la menstruación?

No, por mucho que, en ocasiones, se aplique este término, el ciclo sexual de la gata para nada incluye la menstruación. La denominada regla, menstruación o período es un proceso fisiológico que experimentan las mujeres durante unos días al mes.

Se produce por el desprendimiento del revestimiento del útero cuando el óvulo no ha sido fecundado. El signo externo es el sangrado. Las gatas, al contrario de lo que sucede con las perras, en ningún caso sufren sangrado, en ningún momento de su ciclo.

Además, si queremos compararlo con el ciclo de las mujeres, el período conocido como celo se correspondería, en tal caso, con la ovulación, que no con la menstruación. Por lo tanto, las gatas no menstrúan y, si descubrimos en ellas algún sangrado o manchado vaginal, debemos acudir al veterinario.

¿Cuándo aparece el celo en las gatas?

Las gatas se hacen sexualmente maduras relativamente pronto. Su ciclo se ve influenciado por la cantidad de horas de luz solar, por eso no todas las gatas alcanzan esta madurez a la misma edad. Como media podemos contar con que iniciarán el celo hacia los seis meses.

Durante las épocas de más luz, este período puede adelantarse incluso tan solo a los cuatro meses. Además, las gatas de pelo corto suelen madurar antes. Al contrario, en la temporada de menos sol, es común que se retrase hasta los 7-9 meses. Precisamente los nueve meses suelen marcar el inicio de la madurez reproductiva en los gatos machos.

Ellos no tienen un período de celo y pueden reproducirse en todo momento, siempre que perciban una gata fértil. Las gatas de pelo largo pueden tardar en presentar el primer celo incluso más de un año.

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¿Con qué frecuencia están las gatas en celo?

Una vez una gata inicia su actividad sexual, esta se va a repetir mientras incida la suficiente luz solar. Podemos contar con unos nueve meses todos los años. Por ello se dice que las gatas son poliéstricas estacionales. Normalmente manifestarán síntomas de celo aproximadamente a lo largo de una semana.

Descansarán 10-15 días y volverán a repetir la sintomatología del celo. Así hasta la disminución de la luz solar y prácticamente durante todos los años que la gata viva. En Europa, por ejemplo, una gata puede entrar en celo a finales de enero y repetirlo, periódicamente, hasta octubre.

Cuidados para una gata en celo

La gata en celo no necesita ningún cuidado especial. Pero debemos tener en cuenta que la convivencia durante este período puede resultar complicada debido a la sintomatología que va a desplegar.

Y, por supuesto, sí debemos vigilarla y mantenerla encerrada para evitar que entre en contacto con gatos macho. De lo contrario existen altas probabilidades de fecundación y, por tanto, de gestación.

¿Cómo evitar el celo de las gatas?

Dadas las características del celo de las gatas y las numerosas oportunidades que tiene para reproducirse a lo largo del año, es muy habitual que los cuidadores se preocupen por evitar que tengan lugar esos días de fertilidad. Muchos recurren a métodos hormonales que inhiben el celo.

Por supuesto, deben ser prescritos siempre por el veterinario. Pero presentan un importante problema. Su uso a largo plazo se ha relacionado con enfermedades tan graves como los tumores mamarios o la piometra, que es una infección uterina. Por ello, aunque pueden utilizarse de manera puntual, no son una opción a largo plazo.

En la actualidad se recomienda la esterilización o, más correctamente, la castración. Se trata de una intervención quirúrgica que consiste, en general, en la extracción del útero y de los ovarios.

Beneficios de la castración

Con la castración la gata no va a tener el celo ni, en consecuencia, podrá tener gatitos. Además, se le evita el estrés que le supone el celo y las molestias de la monta, ya que la ovulación se produce tras el estímulo doloroso que causan las espículas del pene del macho.

Por supuesto, es una medida de control de la población felina que impide el nacimiento descontrolado de camadas. También evita problemas de salud como el crecimiento de tumores mamarios o las infecciones de útero.

Bibliografía
Colegio Oficial de Veterinarios de Málaga. 2017. Esterilización: del mito a la realidad. Conclusiones VetSummit.
El ciclo sexual de la gata. 2016. Extraído de Todo sobre el celo de la perra y la gata. Revista Ateuves nº 3. pp. 20-29.