Enfermedad inflamatoria intestinal en gatos (I.B.D.)

Adelgazamiento, deshidratación, vómitos o diarrea que no remite son síntomas que pueden indicarnos que nuestro gato padece IBD, o lo que es lo mismo, una enfermedad inflamatoria intestinal. La clave para su tratamiento está en un correcto diagnóstico y tratamiento.

Existen varios tipos de IBD en felinos, que se identifican en función de su gravedad y localización. Algunos precisan de medicación mientras que otros simplemente una alimentación adaptada. Veamos un poco más sobre esta extraña enfermedad.

¿Qué es la enfermedad inflamatoria intestinal felina?

Esta patología, también conocida por sus siglas en inglés IBD o en español EII, es frecuente en los felinos. Su denominación hace referencia a un trastorno que se caracteriza por un cuadro de síntomas digestivos persistente o recurrente y una inflamación del tracto gastrointestinal.

Afecta más habitualmente a gatos de mediana edad, a partir de unos 6-7 años, o avanzada, lo que no implica que no pueda diagnosticarse en otros más jóvenes. Se trata de un proceso crónico en el transcurso del cual el animal puede pasar por fases de empeoramiento y mejoría.

No está muy claro cómo se produce, pero se presupone una interacción anormal entre el sistema inmunitario y la flora intestinal, incluyendo parásitos internos, bacterias y la propia dieta. Los gatos siameses parecen ser más propensos a padecerla. No se registran diferencias por razón de sexo. Puede haber, además, un componente genético.

Esta enfermedad va a afectar a la capacidad de absorción a nivel digestivo, de forma que, además de los síntomas por los daños que se producen, se interfiere en el aprovechamiento de los nutrientes que el gato ingiere en los alimentos.

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Síntomas de enfermedad inflamatoria intestinal en mininos

Destacan los siguientes, que pueden aparecer de forma intermitente:

  • Pérdida de peso.- Vómitos.
  • Diarrea, aunque no en todos los casos.
  • Anorexia, es decir, el gato deja de comer o ingiere una menor cantidad de alimento. En cambio otros mantienen un apetito normal o incluso aumentado.
  • Sangre o moco en las heces.
  • Dolor abdominal, aunque no siempre lo detectaremos, ya que los gatos no lo suelen demostrar.
  • Debilidad general.
  • Letargia.
  • Deshidratación.
  • Mal aspecto del pelaje.

Esta sintomatología es inespecífica y puede aparecer en otras enfermedades como el linfoma, patologías infecciosas o endocrinas, parásitos o alergias alimentarias. Por eso es importante diagnosticarla correctamente, ya que a menudo se confunde con otras enfermedades que presentan síntomas similares.

A veces, que un gato vomite de vez en cuando, adelgace o presente diarrea ocasional no alarman al cuidador como para ir al veterinario. Esto hace que muchos gatos lleguen a la clínica en una fase avanzada de la enfermedad.

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¿Cómo se diagnostica la enfermedad inflamatoria intestinal?

En ocasiones el veterinario puede palpar en el abdomen las asas intestinales inflamadas, pero este dato no sirve para el diagnóstico, ya que otras enfermedades pueden manifestarse con esa misma inflamación.

Por eso el veterinario va a hacer un análisis de sangre y tomar una muestra de heces para realizar un estudio coprológico y buscar parásitos intestinales. También es frecuente recurrir a la ecografía abdominal, que suele mostrar un intestino delgado engrosado.

La biopsia es otra técnica utilizada para el diagnóstico. Se hace mediante endoscopia o, preferiblemente, laparotomía exploratoria, que son pruebas invasivas para las que se necesita anestesiar al gato. Así se obtiene una muestra de tejido que posteriormente se examinará en el laboratorio para conocer el tipo de células que lo componen.

Es importante tener en cuenta que las pruebas previstas no siempre están destinadas a diagnosticar la enfermedad inflamatoria, sino que se utilizan para descartar otras patologías que cursan con sintomatología similar.

Algunos de los síntomas de la IBD felina son:

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Tratamiento para la enfermedad inflamatoria intestinal en gatos

Esta enfermedad tiene tratamiento pero hay que ir ajustándolo a la evolución del gato. Se recomienda una dieta novel, es decir, con alimentos que el gato nunca haya consumido con anterioridad. Es importante, para ello, elaborar una buena historia clínica que incluya absolutamente todos los alimentos consumidos.

También se puede ofrecer alimento con las proteínas hidrolizadas, que se consigue tratando estas proteínas para descomponerlas en fragmentos pequeños con el objetivo de evitar reacciones alérgicas.

Además, el veterinario prescribirá antibióticos por un mínimo de dos semanas. Si el gato no mejora o presenta síntomas de gravedad, se añaden antiinflamatorios también por tiempo prolongado. Aun así, habrá gatos que no respondan y que deberán ser reevaluados, pues podríamos estar ante un linfoma. Pueden utilizarse, también, inmunosupresores.

Aun cuando sí se aprecia remisión del cuadro clínico puede tener que mantenerse la medicación que ha funcionado, aunque sea en la dosis mínima. La utilidad de la administración de probióticos está en estudio. Los prebióticos, en cambio, forman parte de la composición habitual de dietas para problemas digestivos. En algunos casos se añaden vitamina B12 y K.

Es normal que haya que probar diferentes medicaciones o incluso cambiarlas a lo largo de la vida del gato. Para otros pacientes, en cambio, el consumo de una dieta hipoalergénica consigue controlar la sintomatología. Esta dieta también puede requerir modificaciones con el tiempo. Como vemos, es un proceso complejo.

¿Cuál es el pronóstico de la enfermedad inflamatoria intestinal?

Como conclusión podemos decir que la enfermedad inflamatoria intestinal se trata pero no se cura. Aspiraremos, por lo tanto, a un control de los síntomas para mantener al gato con una buena calidad de vida. Muchos gatos responden bien al tratamiento dietético y a antiinflamatorios, aunque no se erradican todos los síntomas.

Los casos más graves tienen peor pronóstico. Es importante que como cuidadores tengamos esto presente y nos comprometamos a seguir el tratamiento que nos paute el veterinario. Esto puede complicarse en gatos que no toleran bien la administración de medicamentos.

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