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Cómo tomar la temperatura a un gato

 
Por María Besteiros, Auxiliar Técnico Veterinario. 21 noviembre 2022
Cómo tomar la temperatura a un gato

Si somos cuidadores de uno o más gatos, es recomendable que tengamos nociones básicas a la hora de controlar su salud. Una de ellas es la puesta del termómetro para la medición de la temperatura corporal. Normalmente, bastará con que veamos a nuestro gato más parado de lo habitual para que acudamos al veterinario, sin esperar a saber si tiene fiebre o no. Pero, en ocasiones, este dato puede ser importante.

Aunque es posible que hayas leído que puedes saber si tu felino tiene fiebre o no tocándole la trufa, lo cierto es que solo el termómetro nos va a dar un resultado fiable. Por este motivo, en este artículo de SoyUnGato te enseñamos cómo tomar la temperatura a un gato.

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Cómo tomar la temperatura a un gato bebé

La temperatura de los gatos, con independencia de su edad, se toma por vía rectal, es decir, introduciendo la punta del termómetro, con delicadeza, en el recto. Si no lo conseguimos, no hay que forzar, pues podríamos lastimar al animal o a nosotros mismos. En ese caso, tendríamos que acudir al veterinario para que fuese este profesional quien le tomase la temperatura. En cuanto al termómetro, sirve uno digital como el que utilizamos las personas.

Por otra parte, es importante saber que la temperatura corporal normal en un gato no es la misma que en las personas. En el caso de los gatitos, suelen estar en unos 39-39,5 ºC, es decir, lo que para nosotros sería fiebre, no lo es para ellos. También, respecto de los gatitos bebés, hay que saber que durante sus primeras semanas de vida no son capaces de autorregular su temperatura corporal, lo que quiere decir que estarán a temperatura ambiente si los separamos del calor de su madre y hermanos de camada. Estos pequeños pueden tener temperaturas de unos 37 ºC dentro de la normalidad.

Volviendo al procedimiento para tomar la temperatura, lo ideal es contar con ayuda para que una persona sea la que sujete al gatito y otra la que introduzca y esté pendiente del termómetro, aunque en gatos de corta edad es posible que se encargue una sola persona, pues es relativamente sencillo inmovilizar al pequeño y sujetar hacia arriba la cola, mientras con la otra mano introducimos el termómetro hasta que el pitido nos avise de que ya ha medido la temperatura.

Podemos sostener al gato contra nuestro cuerpo y/o envolverlo en una toalla para mantener quietas las patas. Hay que manejarlo de manera firme, a la vez que suave, y emplear un tono de voz bajo y calmado para ayudarle a mantener la tranquilidad y no transmitirle nerviosismo o miedo. Puede ser interesante cortar antes las uñas y poner vaselina o similar en la punta del termómetro.

De todas formas si es la primera vez y estamos inseguros o el gatito se mueve mucho, es mejor contar con ayuda. Tras la toma de la temperatura hay que desinfectar y guardar el termómetro en el botiquín de nuestro gato, pues debe ser para su uso exclusivo. También puedes darle un premio.

En cualquier caso, si la temperatura está elevada por encima de los valores normales, hay que acudir al veterinario. Los gatitos son muy vulnerables y más propensos a contraer enfermedades tan graves y potencialmente mortales como la panleucopenia. Si tienen fiebre, requieren atención veterinaria de inmediato, sobre todo si todavía no han sido vacunados, presentan otros síntomas o son muy pequeños. Jamás le des por tu cuenta ningún fármaco para bajarle la fiebre. Además de contraproducente, podría ser tóxico.

Puedes consultar el siguiente artículo sobre "Cómo saber si mi gato tiene fiebre" para tener más detalles sobre el tema.

Cómo tomar la temperatura a un gato - Cómo tomar la temperatura a un gato bebé

Cómo tomar la temperatura a un gato adulto

Es importante saber que la temperatura corporal que se considera normal en el gato adulto es de unos 38-39,2 ºC. Por tanto, solo por encima de esas cifras podríamos hablar de fiebre. Al igual que en los gatitos, el termómetro se pone por vía rectal. En estos ejemplares es casi seguro que vamos a necesitar una persona para la sujeción y otra para el termómetro, que debe mantenerse puesto hasta que pite. A los gatos no suele gustarles esta manipulación ni que les levanten la cola.

De hecho, es posible que tengamos que envolverlos en una toalla para intentar mantener quietas las patas, a la vez que descubierto el trasero. También es buena idea un corte de uñas previo. Igualmente, se recomienda lubricar la punta del termómetro para facilitar su entrada. Todo el procedimiento debe hacerse sin gritos ni enfados, utilizando un tono de voz bajo y suave, con el objetivo de transmitirles serenidad y no nerviosismo. Nunca hay que reñirles. Si te resulta imposible poner el termómetro, no debes forzar para evitar lastimar al gato o a ti mismo. En estos casos, si fuera imprescindible conocer la temperatura corporal, habría que acudir al veterinario.

Recuerda desinfectar y guardar bien el termómetro tras su uso y que este sea exclusivo para tu gato. Por supuesto, puedes premiarlo. Finalmente, es posible que te preguntes cómo tomar la temperatura a un gato con termómetro infrarrojo. Sería posible, siempre que escogiésemos un termómetro específico para gatos. En ese caso, tendríamos que seguir las instrucciones del fabricante para saber dónde ponerlo de forma que nos aseguremos que la temperatura marcada es la correcta.

Cómo tomar la temperatura a un gato - Cómo tomar la temperatura a un gato adulto

Cómo tomar la temperatura a un gato sin termómetro

Es probable que hayamos leído que podemos averiguar si nuestro gato tiene fiebre o no tocándole el hocico o las orejas. Pero no es cierto. La única forma de conocer la temperatura corporal de un gato es utilizando un termómetro.

La alternativa, si no disponemos de uno o no somos capaces de utilizarlo, es fijarnos en su estado general. No nos dará su temperatura exacta, pero sí puede indicarnos que no se encuentra bien. Así, que no coma ni beba, que apenas se mueva, que no se acicale o que esté más caliente de lo normal cuando lo tocamos pueden ser señales de que su temperatura corporal está elevada.

En cualquier caso, son motivo de consulta con el veterinario, ya que, con independencia de que el gato tenga o no fiebre, puede estar enfermo. Recuerda que ninguno de estos signos clínicos es sinónimo de fiebre, por lo que, si es imprescindible que conozcas la temperatura de tu felino, deberás acudir al veterinario.

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