Enfermedades

Cómo saber si mi gato está enfermo

 
María Besteiros
Por María Besteiros, Auxiliar Técnico Veterinario. 5 diciembre 2022
Cómo saber si mi gato está enfermo

Como cualquier otro animal, nuestro gato puede enfermar. Por sus características, normalmente los felinos acostumbran a no mostrar signos de debilidad. Por este motivo, cuando detectamos que algo puede no estar marchando bien, es habitual que ya haya transcurrido un tiempo. Por eso es importante que estemos atentos a cualquier señal que nos pueda sugerir una enfermedad. Así, si te preguntas cómo saber si mi gato está enfermo, en este artículo de SoyUnGato vamos a repasar los principales signos clínicos y también hablaremos de qué es lo que hay que hacer en esta situación. Además, también podrás conocer cuáles son las posturas de un gato enfermo. ¡No te lo pierdas!

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Índice
  1. Síntomas de un gato enfermo
  2. Cómo es el ronroneo de un gato enfermo
  3. Posiciones de un gato enfermo
  4. Qué hacer si mi gato está enfermo

Síntomas de un gato enfermo

El listado de enfermedades que puede padecer un gato es interminable, por lo tanto, también habrá un montón de signos clínicos que nos deben alertar. Es imposible mencionarlos todos, pero sí podemos repasar los más comunes o importantes.

Destacaremos los siguientes síntomas de un gato enfermo:

  • Pérdida del apetito o de la sed.
  • Aumento exagerado del apetito o sed.
  • Disminución o incremento de la actividad habitual.
  • Sintomatología digestiva como vómitos, estreñimiento o diarrea.
  • Presencia de lesiones, alopecias o caspa.
  • Deshidratación.
  • Problemas respiratorios.
  • Secreción ocular y/o nasal.
  • Descoordinación.
  • Hipersalivación y/o mal olor en la boca.
  • Dificultades para orinar.
  • Eliminación de grandes cantidades de orina.
  • Aparición de sangre: en cualquier localización (orina, heces, saliva, etc.).
  • Cambios en la coloración de mucosas y piel (tonalidad amarillenta, azulada, muy pálida, etc.).
  • Alteraciones en la conducta: por ejemplo, mayor agresividad, miedo, necesidad de esconderse, dejar de utilizar el arenero, etc.
  • Ausencia de autoacicalado.
  • Fiebre: pero también hipotermia.
  • Tercer párpado visible.
  • Pupilas dilatadas, contraídas o diferentes.

En general, cualquier modificación de la "normalidad" de nuestro gato, ya sea a nivel físico o conductual, es una señal a la que debemos prestar atención, pues puede indicar la presencia de una enfermedad. Además, como los gatos acostumbran a disimular los síntomas lo máximo posible, es importante consultar con el veterinario a la primera sospecha, ya que es probable que cuando nos demos cuenta lleven ya un tiempo enfermos. No conviene que perdamos más.

Cómo es el ronroneo de un gato enfermo

No todos los gatos ronronean ni lo hacen con la misma intensidad. En caso de enfermedad, lo que se ha comprobado es que muchos ejemplares recurren a este sonido para expresar malestar, dolor o estrés, como una forma de buscar ayuda y reclamar nuestra atención. Suele ser un ronroneo fuerte y prolongado, pero también puede ser muy suave si el animal está grave o a punto de fallecer.

En este sentido, podríamos considerar el ronroneo como un signo de enfermedad, que, normalmente, se presentará junto a otra sintomatología que ya nos debería alertar. También puede darse el caso contrario, es decir, si un gato acostumbra a ronronear y notamos que deja de hacerlo, podría indicarnos que está sufriendo alguna enfermedad.

Te contamos Por qué ronronean los gatos en el siguiente post de SoyUnGato. ¡No te lo pierdas!

Posiciones de un gato enfermo

Hemos indicado que un gato enfermo acostumbra a disminuir su actividad, con lo que es habitual que lo encontremos más tiempo quieto y descansando. Además, es posible que adopte algunas posturas que nos deben alertar. Destacamos:

  • Inclinación de la cabeza hacia un lado: puede deberse a algún problema en el oído de ese lado o a algún trastorno neurológico.
  • Cuello estirado: es una postura que acostumbran a adoptar los gatos cuando están experimentando dificultades respiratorias. Con ello intentan conseguir más oxígeno.
  • Hiperextensión del cuello hacia atrás y de las extremidades: indica problemas respiratorios o neurológicos de gravedad, como los que puede causar un traumatismo craneoencefálico.
  • Ventroflexión del cuello: hay imposibilidad de mantener la cabeza erguida. Puede asociarse a debilidad generalizada por falta de potasio, enfermedad renal crónica, hipertiroidismo, etc.
  • Plantigradismo: los apoyos de las patas también pueden indicar enfermedades. En este caso, el gato no apoya solo el pie, sino también parte de la pata. Puede deberse a enfermedades articulares, diabetes, bajo nivel de potasio en sangre, etc.

En general, si nos llama la atención la postura de nuestro gato, puede ser un signo de enfermedad y/o dolor. El gato se posicionará buscando alivio. Hay que acudir al veterinario.

Cómo saber si mi gato está enfermo - Posiciones de un gato enfermo

Qué hacer si mi gato está enfermo

En principio, cuando un gato está enfermo debe ser atendido por el veterinario. Hay matices a esta afirmación. Por ejemplo, si nuestro gato es un ejemplar adulto y completamente sano que un día come menos, vomita o presenta heces blandas, sin ningún otro signo clínico, podemos observarlo antes de llamar al veterinario.

Puede tratarse de un hecho puntual sin mayor transcendencia, por ejemplo, el resultado de haber vivido una situación de estrés. Pero si aparece más sintomatología, empeora o al día siguiente continúa igual, sí hay que llamar al veterinario.

Por otra parte, hay casos en los que no podemos esperar para consultar con este profesional. Aunque el cuadro sea leve, conviene llamarlo. Así, los gatos que necesitan siempre asistencia veterinaria cuando sospechamos que pueden estar enfermos son:

  • Los gatitos más jóvenes: cuanto más pequeños, más riesgo, pues son más vulnerables.
  • Los ejemplares de edad avanzada: que podemos situar en unos 9-10 años.
  • Los que ya tienen diagnosticada alguna enfermedad: por ejemplo, padecen problemas renales, hepáticos, diabetes, etc.
  • Los que tienen un sistema inmune debilitado: como los gatos que padecen inmunodeficiencia felina.
  • Los vulnerables por algún motivo: como los que se están recuperando de alguna dolencia, acaban de ser operados, son obesos, etc.

Todos ellos requieren consulta veterinaria ante la aparición de cualquier alteración. Como hemos visto, hay infinidad de signos clínicos y posibles enfermedades. Por ejemplo, un gato puede vomitar por una gastritis, estrés, panleucopenia, enfermedad renal, etc.

Por eso no podemos darle un tratamiento en casa o acudir a un remedio casero: lo primero es saber qué tiene y eso es competencia exclusiva del veterinario. Para llegar a un diagnóstico es imprescindible:

  • Examinar al gato de manera general: esto es, palparlo, valorar sus constantes vitales, su estado de hidratación, nivel de consciencia, etc.
  • Realizar la anamnesis: es decir, preguntar al cuidador todos los datos de relevancia sobre el cuadro que presenta el animal, así como sus antecedentes: edad, pauta de vacunaciones y desparasitaciones que ha seguido, alimentación, inicio de la sintomatología, acceso o no al exterior, etc.
  • Practicar las pruebas necesarias: ya que muchas veces no puede llegarse al diagnóstico solo con la exploración, sino que se requieren análisis de sangre, de orina, radiografías, ecografías, cultivos, etc.

Teniendo en cuenta toda esta información, ante la sospecha de enfermedad de nuestro gato siempre debemos llamar al veterinario. Este profesional nos dirá qué debemos hacer hasta el momento de la consulta o, si es una urgencia, nos citará de inmediato. Tras diagnosticarlo nos prescribirá el tratamiento más adecuado para que nuestro felino se recupere lo antes posible.

Como conclusión, salvo en pequeñas alteraciones puntuales como las que hemos citado, la sospecha de enfermedad requiere actuar y ponernos en manos del profesional. Esperar a que el problema se resuelva solo suele implicar más sufrimiento para el gato y complicaciones que van a dificultar la recuperación, incluso impedirla, haciendo más costoso un tratamiento que podría solucionarse en una única consulta.

Finalmente, recordar que dar remedios caseros o fármacos, tanto de uso veterinario como humano, supone un riesgo para la vida del gato. No solo porque podemos retrasar el diagnóstico y el tratamiento de su problema, sino porque ciertos medicamentos, muy comunes para nosotros, resultan tóxicos para ellos, pudiendo provocar su muerte. Por lo tanto, ante la enfermedad solo hay una respuesta segura: consultar con el veterinario.

Este artículo es meramente informativo, en SoyUnGato.com no tenemos facultad para recetar tratamientos veterinarios ni realizar ningún tipo de diagnóstico. Te invitamos a que lleves a tu gato a un centro veterinario en el caso de que presente cualquier tipo de condición o malestar.

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Bibliografía
  • Dessal, F. (s.f). Manifestaciones neurológicas de enfermedades sistémicas en el gato. Argos. 124.
  • Morris, D. (1994). Observe a su gato. (3º edición).Barcelona: Plaza & Janés.
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