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Que el comportamiento de los gatos no tiene mucho que ver con el de los perros no es ninguna novedad para nadie. Sin embargo, ¿quién dirías que tiene mejor memoria? Si has convivido alguna vez con un felino, sabrás de su capacidad para aprender y recordar aquello que le interesa. Pero ¿hasta qué punto tienen los gatos buena memoria?

Los estudios recabados hasta la fecha sobre los mecanismos cerebrales que intervienen en la construcción de los recuerdos en los gatos coinciden en los rasgos de su memoria a corto plazo, no así en la de largo plazo. Se desconoce cómo se desenvuelve, pero sí se sabe que la memoria felina supera a la canina. ¡Comenzamos!

¿Cómo aprenden los gatos?

La asimilación de la información y su posterior almacenaje tiene lugar en el cerebro. Al igual que sucede con el resto de mamíferos, el cerebro de los felinos consta de 4 lóbulos (frontal, temporal, occipital y parietal). A través de los 5 sentidos reciben la información que es enviada a las neuronas cerebrales a través del sistema nervioso.

No existen diferencias entre los gatos domésticos y los salvajes. Para aprender y construir recuerdos se nutren de la observación y de la imitación. La relevancia vital, entendida como la utilidad que pueden extraer de esa información, hará el resto. Desde cachorros dedican sus primeras semanas de vida a observar a su madre para aprender de ella.

Lo recordarás cuando tratamos la edad con la que los mininos aprenden a cazar. Todo aquello que les resulta relevante para subsistir, por ejemplo, la ubicación del comedero, del bebedero o del arenero, así como las enseñanzas obtenidas por las experiencias vividas les sirven para discriminar qué es útil y, por ello, valioso para ser archivado en su cerebro.

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¿Realmente tienen buena memoria?

¿Sabes que biológicamente los gatos cuentan con mejores condiciones para recordar que los perros? Su cerebro apenas alcanza el 1 % de su masa corporal, pero moviliza 300 millones de neuronas frente a los 160 millones de los canes. De hecho, se ha constatado que los mininos poseen una mayor capacidad de recordar que los perros.

Las investigaciones realizadas en torno a la inteligencia y a la memoria de los gatos concluyen que son capaces de recordar los hechos y vivencias acaecidos hasta 16 horas atrás. Esto es fácil de comprobar con los gatos domésticos a los que les cuesta poco interiorizar sus rutinas, la ubicación de sus enseres y a aquellos con los que conviven.

Su instinto de supervivencia propicia que este aprendizaje de corto alcance pase a la llamada memoria a largo plazo, aunque sobre esta última no existen datos concluyentes. Los pocos estudios que existen estiman que esta memoria a largo plazo aglutina recuerdos de 3 años atrás, pero no es nada definitivo y se continúa investigando sobre ello.

La teoría de la combinación neuronal

Podemos afirmar, por tanto, que su memoria es selectiva y episódica y que los estímulos recibidos y sus correspondientes respuestas elaboran un código de conducta que es almacenado por partes mediante asociaciones o combinaciones neuronales. Estas conexiones van variando conforme el gato va viviendo nuevas experiencias.

En función de la intensidad de dichas vivencias el cerebro del minino decidirá archivarlo o no, así como recurrir a una parte o a otra. Algo similar sucede con la interiorización de las personas y mascotas con las que conviven. Cómo les hacen sentir y la intensidad de estas emociones participan en el reconocimiento de su identidad.

Así, tu mascota te asocia con aspectos positivos porque le das de comer, te preocupas de su higiene y le provees de agradables ratos de juego y de caricias. Igualmente, conoce cuáles son tus rutinas y las de aquellos con los que comparte su territorio y no le agradará que se produzcan cambios porque ello menoscabará su necesidad de control.

La memoria felina en la vejez

Al igual que nos sucede a nosotros los humanos, a medida que los gatos se van haciendo mayores van viendo mermadas sus capacidades cognitivas. Por ello, suele ser habitual que a partir de los 12 años de edad muchos mininos presenten una disfunción cognitiva que podríamos equiparar a nuestro Alzheimer.

Le costará recordar dónde está su comedero, su arenero, cómo debe moverse, etc. Todo ello, además de restarle calidad de vida, coadyuvará a agravar otras posibles dolencias subyacentes y exigirá que le dediques más tiempo. La forma de prevenirlo es no escatimando en momentos de juego con él.

Los juegos de inteligencia y los interactivos son idóneos para estimular sus capacidades mentales, inherentes al aprendizaje y a la construcción de recuerdos, al tiempo que le permiten ejercitarse y sentirse acompañado reforzando vuestro vínculo.

Los gatos recuerdan, incentiva su retentiva

En definitiva, las investigaciones, y tu propia experiencia como dueño de un gato, no dejan duda de que son capaces de aprender rápido y de recordar aquello a lo que pueden sacar rédito, por ejemplo, para evitar una situación de peligro en el futuro o para conseguir que juegues con él. Recuerdan aquello que les es relevante y que ya han probado.

En este sentido, nuestro consejo es que no dudes en reservar tiempo para jugar con él y que le procures suficientes juguetes de su agrado para promover la actividad cerebral necesaria para mantenerse equilibrado y sano.