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Tras la emoción inicial por su llegada a casa, saber cómo educar a un gato es decisivo para que vuestra convivencia en casa sea armoniosa. Muchos novatos con los felinos tienden a tratarlos como si fueran perros y sus psicologías poco tienen que ver entre sí. Tu minino no aprenderá trucos como el de sentarse al decirle ‘sit’ o darte la patita.

Sin embargo, por lo general, los gatos aprenden más rápido que los perros y acatan las órdenes con menor resistencia, especialmente cuando estas giran en torno a la limpieza o la higiene. Eso sí, debes comprender que al adiestrar a un minino lo que le enseñes deberá tener un impacto positivo en su calidad de vida. De lo contrario, te ignorará.

Adiestrar a un gato como un profesional

Para obtener buenos resultados deberás ser paciente y disciplinado, procediendo siempre de la misma manera, y emplear el refuerzo positivo. Nunca sale bien regañar, castigar, y menos aún, pegar a un gato. Lo que conseguirás es justo lo contrario, que te tema y huya de ti.

Por contra, emplear las caricias, un tono de voz suave y las recompensas acelerarán la asunción de aquello que desees que tu mascota aprenda. En las próximas líneas detallamos cuáles son las líneas maestras de los aprendizajes que comporta acoger a un gato en casa. ¡Presta atención!

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Cómo enseñarle a utilizar el arenero

Esta es una de las primeras rutinas que deberás enseñar a tu nuevo compañero de vida. Asegúrate de que la bandeja sanitaria está distanciada del bebedero y del comedero. Coloca al gato delante del arenero y escarba con la mano. Repítelo cuando coma, juegue o cuando se despierte. Si se anima y no cubre sus necesidades con la arena, hazlo tú.

Si las hace fuera del arenero, recógelas y colócalas dentro. Premia sus buenas conductas. El tamaño del arenero deberá ser acorde al del cuerpo de tu mascota. Si es un cachorro no deberá ser demasiado alto, ya que si tiene dificultades para acceder buscará otro emplazamiento para estos menesteres.

La cantidad de arena deberá ser suficiente para que el gato pueda tapar sus deposiciones, pero sin excesos. En ese caso, la arena rebosará y ensuciará la zona colindante. No olvides repasar la bandeja varias veces al día para retirar lo que no deba estar allí. Los gatos son muy pulcros y exigentes con la limpieza de sus baños.

Cómo enseñarle a utilizar el rascador

Es muy habitual que los felinos afilen sus uñas en el sofá o en el mobiliario de la vivienda. Para revertir este vicio te recomendamos que pulverices un poco de catnip en el rascador. Los dinámicos que incluyen juguetes suelen ser bien aceptados, ya que aportan un valor añadido. De cachorros el juego les agrada especialmente porque les ayuda a explorar.

Cuando le pilles rascando, por ejemplo, un mueble, tómalo y llévalo delante del rascador. Actúa de este modo cada vez que lo veas rascando donde no debe, y recompénsalo con su snack favorito cuando lo utilice. Al cabo de pocos días lo habrá interiorizado.

Cómo enseñarle a no jugar con tus manos

Hasta las 3 semanas de vida el juego a través de los arañazos y de los mordiscos forma parte de su conducta de experimentación para familiarizarse con su entorno. Que tu gatito juegue con tus dedos será inevitable y difícilmente lograrás avances a estas edades. Sin embargo, a partir de las 3 semanas de vida deberás reemplazar tus manos por juguetes.

Los peluches de trapo, las pelotas de colores, las cañas o los sonajeros con plumas son juguetes que incluso puedes fabricar tú para entretener y estimular a tu amigo. Apelar a su instinto de caza al acecho resulta determinante para preservar la salud cognitiva del animal. Si se resiste a no jugar con tus manos, grita y suspende el juego cuando lo haga.

Cómo enseñarle a no acceder a lugares peligrosos

Estancias como la cocina, por estar equipadas con infinidad de artilugios con los que tu mascota puede lastimarse, no deben ser frecuentados por los mininos. ¿Cómo consigues que lo aprenda? Los etólogos recomiendan proceder con asertividad, siempre del mismo modo. Cuando veas que merodea la cocina desalójalo sin vacilaciones.

Puedes pronunciar la palabra “no” con rostro serio y tono grave. Actúa de inmediato, no dejes pasar tiempo desde que detectas su conducta inadecuada y en los siguientes minutos no le ofrezcas comida ni le acaricies. Debe quedarle claro que lo que ha hecho no está bien y que no te ha agradado. Podrás extrapolar esta rutina a otros aprendizajes.

Algunos expertos aconsejan recurrir a los pulverizadores, por ejemplo, llenos de agua, para disuadir estos comportamientos. De este modo, no asociará esa desagradable experiencia contigo. Vuestra relación no se verá resentida y él irá asimilando aquello que deseas trasmitirle.

La importancia del enriquecimiento ambiental

El juego y la estimulación mental forman parte capital del adiestramiento de cualquier gato. Además del ejercicio físico, activan el pensamiento al tener que superar retos, por ejemplo, encontrar dónde está la comida o una pelota. Los juegos de inteligencia son esenciales, sobre todo, para los momentos en los que debas ausentarte.

Procurarle refugios o escondites, como una casita o una gran caja de cartón, son igualmente muy saludables. Los felinos suelen gustar de momentos de intimidad en los que puedan aislarse del bullicio del hogar para desconectar y descansar. Esperamos que hayas tomado buena nota de cómo educar a un gato. ¡Comparte con nosotros tus experiencias!