Características del celo en gatos y gatas

La reproducción tanto en gatos machos como en hembras es fuente de dudas y preocupaciones para los cuidadores. Los cambios en el comportamiento que supone el período de celo implican problemas que afectan a la convivencia, además de la posibilidad de aumentar, de forma incontrolada, la población felina.

Si quieres saber cuál es el comportamiento habitual en estos periodos, cómo debes actuar y qué debes hacer para evitar que tengan descendencia, te lo explicamos desde SoyUnGato.

El celo en los gatos macho

Los machos alcanzan la madurez sexual hacia los 5-6 meses de edad. A partir de ese momento serán fértiles toda su vida y esto les llevará a marcar su territorio y a buscar acercarse a las hembras que se encuentren en celo.

Sabremos que el gato marca porque, en lugar de orinar dentro del arenero, procurará dejar su orina en puntos que considera estratégicos y preferiblemente en vertical. Distinguiremos esta eliminación indebida de la que se produce por estrés porque en el marcaje el chorro de orina sale en aspersión, orientado y en pequeñas cantidades. El olor es intenso y muy desagradable.

Si el gato tiene acceso al exterior puede volver de sus paseos con lesiones consecuencia de peleas con otros machos al disputarse el mismo territorio o de encuentros con gatas al intentar o consumar la cópula.

Las heridas pueden ser de gravedad y, además, el gato podría contraer enfermedades como la inmunodeficiencia felina, una patología vírica incurable. Si el gato no sale a la calle, en este período intentará fugarse.

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El celo de las gatas

Al igual que los machos, las gatas suelen alcanzar la madurez sexual hacia los 5-6 meses de vida, aunque depende de la cantidad de luz, ya que esta influye en el inicio y la duración del celo.

En cuanto los días empiezan a hacerse más largos y hasta que vuelven a acortarse, la gata estará en celo, es decir, va a poder reproducirse prácticamente durante todo el año. Dado que su gestación dura unos dos meses, una gata podrá tener 2-3 camadas cada año.

Si en cada una de ellas pare entre 3-5 gatitos que, a su vez, serán fértiles en unos meses, se entiende el problema de superpoblación felina existente. Además, la gata en celo muestra unas conductas que van a complicar la convivencia en casa, como son las siguientes:

  • Maullidos en tono elevado e insistente, especialmente por las noches.
  • Marcaje, es decir, eliminación de orina fuera del arenero y, en algunos casos, más veces de lo habitual.
  • Actitudes cariñosas que manifiesta mediante el frotamiento contra objetos o personas, sobre todo de cara y cuello. Al contrario, hay gatas que se muestran agresivas.
  • Postura de pecho al suelo y pelvis elevada con exhibición de los genitales y desplazamiento lateral de la cola.
  • Alteraciones en el apetito.

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Particularidades en el celo de las gatas

Las gatas son poliéstricas estacionales, lo que quiere decir que, durante todo el período anual de luz solar, tendrán un celo detrás de otro. Cada uno durará unos siete días y se repetirá cada quince, aproximadamente.

Además, la ovulación es inducida, lo que implica que el óvulo sale al recibir un estímulo que suele ser la propia cópula.

La gata en celo no presenta ningún sangrado por lo que, si lo observamos, debemos acudir al veterinario, ya que podría tratarse de una infección o tumoración. Si una gata en celo tiene acceso al exterior es más que probable que regrese a casa preñada.

Riesgos del celo en mininos

Además de la posibilidad de traer al mundo un número ingente de nuevos gatitos, el efecto de las hormonas se relaciona con la aparición de patologías. Las más comunes son los tumores de mama y la piometra, que es una infección uterina.

Los tumores deben ser extirpados. Muchos son malignos, produciendo metástasis sobre todo en los pulmones. La piometra puede comenzar con síntomas inespecíficos como fiebre o pérdida del apetito. Existe una presentación abierta y otra cerrada. En el primer caso observaremos una secreción sanguinolenta y purulenta saliendo por la vulva.

En cambio, en la piometra cerrada todas las secreciones se acumulan en el interior del útero y este puede romperse y provocar una peritonitis. El tratamiento más recomendado para evitar estas patologías es la esterilización.

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El control del celo en felinos

Para evitar el celo de nuestra gata, siempre siguiendo la prescripción del veterinario, podemos administrar fármacos. El problema es que presentan efectos secundarios tan importantes como los tumores de mama y la piometra, que hemos mencionado.

En consecuencia, podemos emplearlos una o dos veces a modo de urgencia pero no se puede recomendar su uso de por vida. La opción definitiva es la esterilización.

La esterilización, la solución más recomendada

Los maullidos continuos y la eliminación inadecuada animan a muchos cuidadores a esterilizar a sus gatos. Otros operan como parte de una tenencia responsable, para evitar camadas indeseadas o problemas de salud.

Es una solución definitiva que se puede adoptar desde los 4-5 meses de vida del animal. Consiste en la extirpación de los testículos en el macho y de los ovarios y el útero, o solo los ovarios, en las hembras. Sin la presencia de estos órganos no se produce el estímulo hormonal que desencadena el celo ni, por tanto, ninguna de sus consecuencias.